Fases y Tratamiento

Estos trastornos suelen tener su inicio al final de la adolescencia o principio de la edad adulta, cuando culmina el proceso de formación de la personalidad. Si bien es cierto, que ya en la infancia, pueden darse indicios de estos problemas.

En cuanto al curso de la enfermedad, suelen alternarse períodos de estabilidad y de crisis. Con el tiempo, la sintomatología suele suavizarse a partir de los 35/40 años. En general, con la edad y la ayuda del tratamiento, las crisis tienden a espaciarse en el tiempo y ser menos graves o, incluso, desaparecer.
Todavía nos encontramos en un momento en el que se está estudiando la eficacia de distintos tratamientos (farmacológicos, psicológicos y de rehabilitación), aunque podemos decir que hay casos de recuperación o, al menos, de un funcionamiento social y personal adaptado.

En referencia a la epidemiología, es decir, a la frecuencia con que se dan estos trastornos, debido a las dificultades en el diagnóstico aún no se disponen de datos epidemiológicos fiables en España. La frecuencia es, sin embargo, alta. Las personas aquejadas de este tipo de trastornos pueden suponer el 6-12% de la población general y el 20-40% de los pacientes vistos en la práctica psiquiátrica ambulatoria, con una incidencia similar en ambos sexos.

El tratamiento de estos trastornos resulta complejo por varios motivos. En primer lugar, por la poca o nula conciencia de enfermedad, al menos, en etapas iniciales, lo que provoca que, en ocasiones, durante mucho tiempo sólo exista la sospecha por parte de la familia de que existe algún problema de salud mental. El contacto con el profesional de salud mental y el diagnóstico suele desencadenarse porque haya un ingreso, o bien porque la persona vaya presionada por la familia, o bien (y mucho mejor) porque tome conciencia de que algo no marcha bien y que necesita ayuda.